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martes, 17 de marzo de 2015

Como un canto rodado


La caída en el saco es tan violenta que quiere vomitar. Lo intenta con todas sus fuerzas pero no puede. A continuación siente el asqueroso tacto de unas manos sucias y pegajosas sujetándole los cabellos a la altura de la coronilla. Sus pupilas giran como un remolino de aguas bravas en esos últimos instantes de vida que se le escapan de forma agónica cuando es arrojado a la pila de cuerpos inermes que yacen allí. Volteando como un canto rodado por el suelo, su cabeza seccionada va dejando un cometa de sangre a su paso. Antes de que todo se funda en negro aún logra escuchar cómo el verdugo ruge desde lo alto del cadalso a la enfervorecida y morbosa multitud allí reunida.
          —¡Viva la República! ¡Que pase el siguiente!

          En la Plaza de la Concordia, la guillotina guarda silencio, hambrienta, a la espera de nuevos traidores a la revolución.

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