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miércoles, 4 de marzo de 2015

Lo que os merecéis



La estresante campaña electoral la estaba dejando exhausta. Llevaba de mitin en mitin casi dos semanas y aún le quedaba la recta final, con actos programados en todas las capitales de la comunidad. El avanzado estado de gestación en que se encontraba no ayudaba precisamente a disminuir su fatiga.
          Hoy le tocaba dejarse ver con la gente, mezclarse en una suerte de paripé populista entre las hasta hacía poco dóciles masas para parecer sencilla y accesible. Sus asesores le recomendaron acudir a cualquier mercado de abastos de cualquier pueblo grande para hacer ver a los votantes que se preocupaba por los problemas del ciudadano medio. Que a diferencia del mostrenco candidato de la oposición, ella sí que escuchaba y tomaba nota de la indignada voz de la calle.
Una señora de mediana edad la abordó y empezó a increparla, echándole en cara que los suyos le habían quitado la paguita, que a su marido le suprimieron la ayuda a la dependencia, y que sus dos hijos estaban sin trabajo desde hacía dos años, viéndose obligados a regresar al redil materno dado que no pudieron hacer frente a la hipoteca.
La candidata sacó su sonrisa más fotogénica e hizo como que escuchaba atentamente a la enojada mujer. Se rodeó la abultada tripa con las dos manos en un gesto que pretendía transmitir confianza y calidez humana. El blanco nacarado de sus dientes de tiburón oscilaba de arriba abajo mientras asentía a sus palabras y guardaba silencio, aparentando darle la razón en todo. Pero sus pensamientos remaban justo en la otra dirección, igual que un náufrago nadando a contracorriente.

«¿Ahora venís lamentándoos de qué os habéis quedado en el paro, que os han desahuciado y que el banco se ha quedado con la casa? Y a mí qué. No vengáis ahora a patalear cuando ni siquiera os leísteis nuestro programa que tardamos poco en traicionar; cuando hacíais palmas con las orejas ante nuestras falsas declaraciones; cuando os prometimos el oro y el moro y como borregos decíais a todo que sí, sin cuestionaros nada. Ahora disfrutad de lo votado, al fin y al cabo tenéis lo que os merecéis».

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