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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Contagio masivo

El virus acechaba en cada rincón del país. En cada casa, en cada bar o cafetería. Hasta en los lugares más insospechados y aislados como cárceles o laboratorios. Toda la población estaba expuesta a él. Y lo peor de todo, a todas horas. Sólo bastaba apretar un botón para contagiarse. El virus se llamaba televisión.


3 comentarios:

Ana Madrigal Muñoz dijo...

Cierto, Enrique. La televisión es un virus demoledor, pero la buena literatura como la tuya puede ser un magnífico antídoto

Enrique dijo...

Gracias por el comentario y por tenerme en tan alta estima :D. Lo cierto es que vivimos tiempos en los que la estupidez, el borreguismo y el nulo interés por la cultura son las enfermedades más mortales a las que estamos expuestos, y las tres aparecen de la mano al encender la televisión.

Ricardo Zamorano Valverde dijo...

Un excelente microrrelato que critica la la televisión, pintándola como un virus que se encuentra en todas partes y a todas horas. Brutal. Yo ya no veo la tele, solo cuando como o ceno, y porque mis padres la tienen puesta, que si no ni eso. Es cierto que es un virus, como dices, pero también es cierto que se podrían salvar dos o tres canales...
Un saludo, Enrique.

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